Las pistolas eléctricas y los Derechos Humanos no se han encontrado

Joan Giner
Diputado por Catalunya Sí que es Pot y portavoz de la comisión de estudio sobre pistolas eléctricas del Parlament de Catalunya

Las pistolas eléctricas, más comúnmente conocidas como TASER, aplican un alto voltaje durante unos segundos a una persona dejando a ésta totalmente paralizada. En Catalunya todo apunta a que, pese la oposición de las entidades de Derechos Humanos y sociales, del Síndic (defensor del pueblo) y de algunas fuerzas políticas, el Govern va a desplegar este armamento en el cuerpo de Mossos d’Esquadra.

En sede Parlamentaria hemos escuchado a expertos nacionales e internacionales, a funcionarios y a entidades sociales. El primer detalle a subrayar de los debates que hemos presenciado es la diferencia clara de posturas entre aquellas entidades de carácter policial y aquellas entidades de carácter social. Unas a favor, argumentaban sobre operativos policiales concretos, casos excepcionales donde hubiera sido útil usar una pistola eléctrica. Los otros hacían una mirada más ética, sobre el modelo de seguridad, sobre la política securitaria. Si de algo debe servir el Parlamento es para aportar una mirada política a los problemas de la sociedad intentando no hacer norma de la excepción. Una mirada de contexto que nos permita realizar debates profundos, es aquí donde encontramos el primer problema.

Por otro lado, se comparaba el despliegue de estos armamentos con experiencias  internacionales dado que en España no están desplegados. EE.UU. con un contexto de alta violencia y de armamento legal por las calles, mantiene un uso extenso por parte de los cuerpos de seguridad. En los últimos años nos encontramos 200 muertes reportadas y 34 sentencias judiciales, en las que el propio gobierno dice que el 90% de disparos que hacen los agentes no se deberían haber hecho. Es decir, casos donde no hay peligro, donde se usa como recurso fácil o como abuso. El mal llamado efecto “gatillo fácil”.

Mirando a Europa tenemos a Londres, con un contexto de violencia baja/media y sin armamento en las calles, su uso es amplio por la Metropolitana. Desde el despliegue del armamento eléctrico las incidencias han aumentado un 200% anualmente (datos del gobierno). Es decir, la implantación de estas armas ha multiplicado los casos allí donde los policías han hecho uso de este grado de fuerza. Lo cual nos obliga a reabrir el debate en clave social otra vez, entorno al sobre-uso de la fuerza y el mal llamado “gatillo fácil”.

Catalunya es una de las zonas con menos delitos de sangre/violentos de Europa. El Tripartit en 2008 y CIU en el 2012 prohibieron vía reglamento el uso de estas armas. ¿Por qué ahora sí? Vistas las experiencias de despliegue internacional, ¿hacia qué modelo de policía avanzamos? Hacia una de proximidad y mediación o hacia el sobre-uso de la fuerza que a muchos nos recuerda a la pantalla en blanco y negro. Aquí radica la importancia de pensar no sólo en el terreno operativo, sino pensar en el modelo social y en política.

Por último tenemos la parte más preocupante. ¿Son letales? Según su denominación común “non-lethal army”, no. Pero no sólo en EE.UU. hay muertes. En Londres hace unas semanas moría un hombre supuestamente después de una descarga por parte de un agente. Después del revuelo de casos como Esther Quintana o Juan Andrés Benítez, en los que ha sido prácticamente imposible depurar responsabilidades (incluso con sentencias judiciales). ¿Cómo vamos a gestionar la primera muerte por estas armas? ¿Volveremos otra vez a reabrir el debate parlamentario cuando alguien muera?

Las recomendaciones de Naciones Unidas, del Síndic (defensor del pueblo) y de los organismos de DDHH no han sido escuchadas. Éstas recomiendan no usar estas armas en momentos de reclusión, alienación (sea por intoxicación o por patología), con problemas cardiovasculares, o en menores de edad. Las pocas policías municipales que usan estas armas en Catalunya, sin conocimiento del Govern, han reportado pocas decenas de disparos. De éstos una gran mayoría eran contra personas en estado de alineación o fuera de las recomendaciones de NN.UU. Un buen ejemplo de lo que podría pasar (multiplicado por el efecto gatillo fácil) si se desplegasen en todo el territorio.

En definitiva, este semana se ha dicho SÍ a vulnerar las recomendación sobre DDHH; se ha dicho SÍ a alejarnos de una policía de proximidad y mediación de cualquier democracia. Y eso que las fuerzas que hoy componen Junts pel SI (ERC, y CDC), des de la oposición y el gobierno, dijeron NO a ese modelo hace tan solo unos años. Por desgracia no nos despedimos del todo, mucho me temo que pronto volveremos a estar sentados en esa comisión, esta vez, con una desgracia entre manos.

Artículo publicado en Público.es el 09/07/2016

 

 

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